Síntomas de migraña ocular que requieren valoración neurológica
Autor: Giovana Femat Roldán

Las migrañas oculares o retinianas se definen generalmente como un escotoma monocular transitorio o pérdida de visión, acompañada o seguida de cefalea en los 60 minutos siguientes al inicio de los síntomas visuales. En algunos casos, se ha reportado pérdida visual monocular persistente y hallazgos oftalmológicos anormales. Los síntomas suelen ser transitorios y la fisiopatología de estos déficits persistentes no está clara. Esta actividad revisa la evaluación y el manejo de las migrañas retinianas y destaca el papel del equipo interprofesional en la atención de los pacientes afectados.
¿Qué provoca la migraña ocular?
Según las teorías y la fisiopatología de la migraña retiniana, los factores desencadenantes son los mismos para la migraña con y sin aura. Entre ellos se incluyen, entre otros, el estrés emocional, la hipertensión arterial y el uso de anticonceptivos hormonales, así como el ejercicio, la altitud, la deshidratación, el tabaquismo, la hipoglucemia y la hipertermia. La comorbilidad con lupus, aterosclerosis y anemia de células falciformes aumenta el riesgo de padecer migraña retiniana.
La migraña retiniana es un trastorno poco común, pero su prevalencia es desconocida. No existen datos específicos sobre las migrañas retinianas, pero en general, tienen una prevalencia del 18,2 % en mujeres y del 6,5 % en hombres, con mayor prevalencia en personas de raza blanca, seguidas de personas de raza negra y, finalmente, en personas de origen asiático.
La migraña retiniana puede comenzar a los 7 años de edad, pero la mayoría de los casos se presentan en la segunda década de la vida y alcanzan su punto máximo en la cuarta década.
Mecanismos por los cuales ocurre la migraña ocular
La fisiopatología de la migraña sigue siendo controvertida. Una teoría sobre la migraña ocular es que se debe a un vasoespasmo en la vasculatura retiniana o ciliar, mientras que otros creen que se trata de una depresión propagada de la neurona en la retina, similar a la depresión propagada de la corteza cerebral. Esta depresión propagada de la corteza cerebral suele observarse en el aura visual de una migraña clásica; se ha observado en pacientes con un episodio de migraña retiniana, vasoconstricción de ambas venas y arterias, que puede ser difusa o segmentaria.
Las crisis de migraña retiniana se desencadenan por factores similares a los de la migraña con aura, como el estrés, el tabaquismo, la hipertensión, los anticonceptivos hormonales, el ejercicio, las posturas inclinadas, la altitud, la deshidratación, la hipoglucemia o el calor excesivo. Un historial familiar significativo en estos pacientes sugiere que la migraña retiniana tiene una predisposición genética, pero no se ha descrito un patrón hereditario claro.
Síntomas clínicos de la migraña ocular
La migraña ocular, también conocida como migraña con aura visual o aura visual sin cefalea, es una manifestación neurológica que puede generar gran desconcierto tanto por su intensidad como por su carácter visual. Aunque muchas personas asocian la migraña con dolor de cabeza, en este tipo específico los síntomas principales son alteraciones visuales transitorias que pueden o no ir acompañadas de dolor.
A continuación, se describen los síntomas clínicos más comunes de la migraña ocular, divididos por tipo y orden de aparición:
1. Aura visual
La característica distintiva de la migraña ocular es la aparición de un aura, es decir, alteraciones visuales temporales. Estas suelen durar entre 10 y 30 minutos y se presentan en uno o ambos ojos. Los síntomas más comunes incluyen:
- Escotomas centelleantes: zonas oscuras o en blanco en el campo visual rodeadas de destellos brillantes o líneas en zigzag, que pueden crecer lentamente.
- Luces intermitentes (fotopsias): destellos o chispas de luz, como si se tratara de un «relámpago» dentro del ojo.
- Zonas borrosas o pérdida parcial de la visión: algunas personas describen «ver a través del agua» o tener dificultad para enfocar.
- Formas geométricas o patrones en movimiento: figuras como espirales, estrellas o líneas irregulares, que pueden moverse a través del campo visual.
- Efecto túnel: visión que se reduce en los bordes, dejando un campo visual limitado al centro.
Estos síntomas suelen aparecer gradualmente, y se propagan lentamente por el campo visual antes de desaparecer.
2. Dolor de cabeza (puede o no estar presente)
En algunos casos, los síntomas visuales pueden acompañarse o ser seguidos por una cefalea migrañosa. Este dolor tiene características específicas:
- Dolor pulsátil o punzante, generalmente en un solo lado de la cabeza.
- Intensidad moderada a severa.
- Empeora con la actividad física.
- Puede acompañarse de náuseas, vómito, fotofobia (molestia a la luz) y fonofobia (molestia a los sonidos).
Sin embargo, muchas personas con migraña ocular no experimentan dolor de cabeza, lo que puede dificultar su diagnóstico.
3. Síntomas neurológicos asociados
Aunque es poco común, algunas personas pueden experimentar:
- Hormigueo en la cara o las manos.
- Dificultad para hablar (disartria).
- Sensación de confusión o desconexión.
Estos síntomas deben ser evaluados con especial atención, ya que pueden parecerse a los de un evento cerebrovascular transitorio (un AIT o mini-infarto).

Duración y reversibilidad
- Los síntomas visuales no suelen durar más de una hora.
- Son completamente reversibles.
- En general, la recuperación es espontánea y no deja secuelas.
¿Cuándo buscar atención médica?
Es fundamental acudir a un especialista si:
- Es la primera vez que se presentan estos síntomas.
- El aura visual dura más de una hora.
- Hay pérdida visual completa o persistente en un ojo.
- Los síntomas aparecen de forma repentina e intensa, sin la progresión típica de la migraña.
- Se acompañan de debilidad muscular, dificultad para hablar o pérdida de consciencia.
Estos pueden ser signos de condiciones más graves, como un infarto cerebral o una enfermedad oftalmológica seria.
La migraña ocular puede ser desconcertante, pero en la mayoría de los casos no representa una amenaza para la salud visual o cerebral. Comprender sus síntomas, identificar los desencadenantes y contar con un acompañamiento médico permite recuperar el bienestar visual y prevenir episodios futuros.
Si alguien presenta estos síntomas con frecuencia, es importante que consulte con un neurólogo u oftalmólogo especializado en neuro-oftalmología para descartar otras causas y definir el mejor enfoque de tratamiento.
Tratamiento de la migraña ocular
Si los ataques son poco frecuentes, por ejemplo, uno al mes, no es necesario el tratamiento. Cuando los ataques son más frecuentes, el tratamiento de primera línea comienza con cambios en el estilo de vida que incluyen evitar desencadenantes alimentarios como el alcohol y la cafeína, controlar factores estresantes como la hipertensión arterial y dejar de fumar. Si esto no funciona, el paciente debe llevar un diario para evaluar el éxito del tratamiento e iniciar la profilaxis.
Los bloqueadores de los canales de calcio, como el nifedipino y el verapamilo (los más eficaces), son la base del tratamiento en este caso. Otros medicamentos, como la coumadina y la heparina, se han utilizado en casos aislados de pacientes con síndrome de anticuerpos antifosfolípidos y migraña retiniana. Se ha demostrado que la aspirina y los antiepilépticos reducen la gravedad de los ataques. En esta afección no se utiliza terapia abortiva debido a la breve duración de los episodios; el objetivo principal del tratamiento sería reducir la recurrencia de los ataques.
Complicaciones de la enfermedad
Las complicaciones de una migraña retiniana incluyen oclusión de la arteria central de la retina (OACR), infarto de retina, oclusión venosa central de la retina, oclusión de una rama de la arteria retiniana (OABR), hemorragias retinianas que pueden provocar edema de retina y papila, isquemia de la coroides o del nervio óptico, y hemorragia vítrea. Muchas de estas complicaciones pueden provocar pérdida irreversible de la visión. Es importante evitar el uso de triptanes, ergotamínicos y betabloqueantes en migrañas con pérdida transitoria de la visión, debido al riesgo de potenciar la vasoconstricción y aumentar el riesgo de pérdida irreversible de la visión.
